El clásico del hambre con la necesidad se lo llevó el que mejor hizo las cosas. No jugó bien, pero las oportunidades se aprovecharon cada vez que se presentaron. Lo dijo el propio Richard Páez “cuando la tuvimos la metimos”, y así fue, Millos hoy respira nuevamente y venció con justicia a un América que venía en alza, pero que necesitaba ganar para salir de la promoción.
Fue un partido intenso. El que primero pegó fue el “Escarlata” con un tiro libre de Fernández, que se jugaba una final aparte luego de su paso por la casa azul. El ataque de América se prestó para engañar al propio Óscar Julián Ruiz que compró un penal que no fue y favoreció a los visitantes.
Sin embargó, justicia o no, uno de los mejores arqueros del torneo, Luis Delgado, se vistió de bombero y evitó por enésima vez, la caída de su arco ante un hambriento Gabriel Fernández, que desperdició un penal más.
Lo que vino después fue puro corazón, donde la sangre que irrigaba las venas fue más de color azul que rojo. Pajoy golpeó el remate contra el palo y el rebote quedó en el “Ringuito” Amaya, que sin pensarlo disparó a la raíz del palo y arrancó los miles de gritos de los hinchas azules, que se irían al entretiempo con un gol en el bolsillo.
Para la segunda parte las ganas se trasladaron a los embajadores. Buscaron el segundo gol y lo consiguieron gracias a la creación de Jonathan Estrada, que se echó el equipo al hombro y se llenó de motivos para buscar el gol azul, luego de un remate cruzado que sacó Aguilar pero que capitalizó Saa en el rebote.
Se acabó el juego y el que dijo que “a Millonarios lo veo mal”, se vio perverso luego de fallar la ventaja escarlata ante el héroe Delgado.
Ya son tres puntos más que alejan a Millos del descenso, pero el embajador debe mejorar muchas cosas que el América no supo aprovechar, debido a que pasan por el mismo momento.
Por ahora el alivio es embajador, pero el trabajo debe ser fuerte, si no se quiere sacar la calculadora.
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