La frase es típica de la abuela o la tía que le dice a usted, “mijo. Deje de ver a esa selección que lo único que hacen es perder”. Pero uno no se aleja del televisor, sigue ahí expectante a lo que pase, pues los medios de comunicación vendían el juego de Brasil y Colombia como un “duelo de gigantes”.
Lo de ayer repetidamente fue una ilusión que se despertó con el remate al arco de Cardona y que desgraciadamente se estrelló en el travesaño. Pero esa no era la única opción. Colombia bajo el balón, tocó, propuso, atacó, se defendió. Sin duda el partido era más que empatable, se podía ganar porque estos muchachos estaban más motivados, tenían al frente al favorito y se agrandaron para demostrar de que están hechos.
Hasta que llegó un error en salida de nuestra máxima esperanza, Edwin Cardona. Gracias al intento de túnel que trató de hacer en campo colombiano, se produjo la primera jugada de gol carioca que capitalizó Casemiro al minuto 54.
La desventaja obligó a los colombianos a buscar el empate y lógico a generarle espacios a Brasil. La primera táctica fue el pelotazo, que inútilmente encontraba a un ‘Manga’ o a un Castillo, los dos guerreros de la ofensiva nacional.
En el minuto 63, cuando Colombia busca el empate desesperadamente, Brasil consigue el 2-0 luego de una jugada por el sector izquierdo. Pase de la muerte y gol de William.
Las ganas del partido impulsaron una acción de desborde de Castillo, lo que valió un claro penal y el descuento de Cardona que se iría al vestuario por Ortega. 2-1 era el momento perfecto para buscar el empate con ideas más frescas y por poco se consigue, faltó claridad y eficacia a la hora de los pases. Mendoza, Ortega, Arias –el mejor de Colombia en el torneo-, Castillo y Manga se unieron para buscar la igualdad. Pases cortos, desborde por la raya, balón al suelo fueron los argumentos cafeteros en los últimos minutos. Brasil sólo buscaba lanzar un pase largo para sus delanteros y ampliar la diferencia. Y lo consiguió.
Castillo pierde el balón cuando Arias estaba en posición de ataque y un pase largo permitió ver la genialidad de Neymar, que hasta ese momento había sido neutralizado por la defensa nacional. 3-1 y golazo y fin del juego.
Una lástima pues Colombia mereció más en un deporte donde la justicia desaparece. De ahí su frase típica: jugamos como nunca y perdemos como siempre.
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